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a San José y Liebig

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Visita al lugar donde se originó el proceso colonizador de esta Zona y a un pueblo histórico creado en torno a la industria frigorífica.

Es un circuito de 39 km por camino pavimentado. Desvíos a Calera Colombo y Molino Forclaz por un camino vecinal en buen estado.

 

Desde Colón (km 0), salga por Av. Presidente Perón y continúe por la RP 130. En el cruce con la RP 26 tome a la derecha por un camino vecinal hasta la Calera Colombo , activa durante el siglo pasado. Todavía quedan algunos edificios dedicados a la explotación de la cal, como los hornos, depósitos y muelles. El lugar ofrece la posibilidad de disfrutar la costa del río Uruguay, arbolada de sauces, y de pescar en sus aguas.

Retome la RP 26 hacia San José, luego doble a la izquierda y siga por el camino mejorado hasta el Molino Forclaz

 

Molino Forclaz

 

Es un antiguo molino de viento a 200 m del viejo camino enripiado que une las localidades de Colón y San José, en el corazón de la colonia del mismo nombre, fundada en 1857 por un grupo de suizos, franceses y saboyanos.

El constructor de esta singular obra, hoy verdadera reliquia arquitectónica, fue el cuidadano de origen suizo Juan Bautista Forclaz, quien llegó a la zona en 1859 como parte de una familia de molineros. Se instaló en una de las parcelas para trabajar un molino de malacate, accionado con mulas, el que le proporcionó grandes ganancias.

Buen conocedor de los sistemas de molienda europeos, Forclaz inició hacia 1887 la construcción de este molino de reminiscencias holandesas. Con la ayuda de sus hermanos y albañiles del lugar, terminó su obra en dos años.

Los cimientos, el basamento circular de 7,8 metros de diámetro y las gruesas paredes están hechos de piedra mora, muy abundante en la región. A partir de los 3 m y hasta los 12 de altura, se eleva un tronco con forma de cono realizado en mampostería de ladrillo asentado en cal y arena. La cubierta está formada por una cúpula de chapa de cinc, soportada por una estructura de madera de pino tea, que giraba gracias a un original mecanismo. Esta movilidad permitía que las aspas se orientaran de acuerdo con la dirección del viento. El molino contaba con tres entrepisos, construidos íntegramente en madera de pino tea y álamo.

En 1890 se terminó la obra y se instalaron las maquinarias. Un gran eje vertical de hierro, movido por una corona de madera conectado al cuadrante de las aspas, se encargaba de transmitir el movimiento hacia la parte inferior del molino. Allí, otra rueda metálica con dientes de madera movía las muelas o tahonas que molían el grano. En dos norias a cangilones se recibía el cereal que, luego de ser clasificado a través de una zaranda, se volvía a moler. Finalmente era embolsado en la planta baja.

El sistema, sin embargo, necesitaba de fuertes vientos para funcionar, elemento que, para su desgracia, es poco habitual en la región. El molino fracasó y dejó de emplearse para la molienda, aunque quedó en pie como símbolo de la fe en el trabajo y la esperanza en el porvenir. La gran cantidad de dinero invertida en su construcción 6.000 pesos fuertes habla a las claras de las frustradas esperanzas puestas en él. Actualmente pertenece a la familia Forclaz y funciona como repositorio regional.

Siga la misma ruta, señalizada y transitable incluso con lluvia, y en 3 km llegará a San José

 

San José

 

La Colonia San José fue fundada en 1857 por Justo J. de Urquiza con un grupo de inmigrantes suizos, saboyanos y piamonteses, quienes originalmente habrían de asentarse en la provincia de Corrientes. Los colonos ocuparon 13.500 ha del actual departamento Colón. El primer contingente de cien familias provenía mayoritariamente del cantón de Valais y de Saboya, por lo que conformaba un grupo de personas con costumbres, conocimientos y credos religiosos similares. Ello contribuyó a afianzar y desarrollar la colonia, que dio origen a la villa de San José, trazada por Carlos Sourigues a partir de un sitio denominado plaza.

En 1890 la villa ya contaba con 80 casas, un templo, un cementerio, una comisaría, una oficina de telégrafo, una sucursal de Correo, dos escuelas, nueve casas de comercio, una botica, un aserradero a vapor y un club industrial que estuvo presente en la Exposición Internacional de Buenos Aires de ese año.

 

Que conocer en una visita

 

El centro de la ciudad es la plaza Urquiza. Cruce A. Peyret para ver la Iglesia de San José

 

Iglesia de San José

 

Cuando los primeros colonos aún no tenían casas donde vivir, pidieron al general Urquiza que les enviara un sacerdote para oficiar misa. Debajo de un árbol se improvisó un altar en el que se realizó el primer oficio religioso católico. Poco tiempo después se levantó el templo: un rancho de adobe y paja advocado a San José.

El terreno donde se edificó la iglesia definitiva fue donado en 1877 por la esposa del general, Dolores Costa de Urquiza. En 1879 se organizó un Consejo de Fábrica, integrado por destacados vecinos, y se contrató al albañil José Bovi para realizar la obra. El nuevo templo se bendijo en 1885 y, casi 65 años más tarde, fue restaurado completamente por dentro y por fuera.

Tiene una planta rectangular, dividida en tres angostas naves separadas por una serie de arcos ojivales que descansan en robustas columnas de orden corintio. Los cielorrasos de las naves laterales son de tablillas de madera, mientras que los de la central están armados a la cal. Esta última termina en un magnífico altar realizado en mármol de Carrara. Una escalera de caracol con arcos ojivales conduce hasta el coro. El frontis del templo posee cuatro columnas con capiteles corintios que delimitan el atrio construidas en piedra mora extraída en la localidad.

Al salir de la iglesia, atraviese la plaza y avance hasta la calle Urquiza para visitar el Museo Histórico Regional . El edificio data de 1867 y perteneció a Magdalena Romanzo de Izquierdo. Exhibe elementos regionales típicos, objetos que recuerdan el proceso de la colonización agrícola y el aporte de los inmigrantes, sus ropas, enseres y herramientas. Es considerado uno de los más completos de su tipo en el país.

 

Evento

 

Fiesta Provincial de la Colonización Se celebra en el mes de julio. Es una demostración cultural en la que participa gran parte de la población, desfilando por las calles al compás de la música nacional de sus países de origen y ataviada con sus trajes típicos.

 

Salga de San José por la RN 26, que en 3 km empalma con la RN 14. Continúe otros 10 km y gire a la derecha por un camino vecinal que, en 8 km , lleva al Pueblo Liebig

 

Pueblo Liebig

 

La importancia y singularidad de esta población radican en que es una de las pocas agrupaciones urbanas de la provincia que nació como consecuencia de la instalación de una industria.

Sus orígenes se remontan al establecimiento ganadero de Benítez, transformado hacia 1850 en el saladero O'Connor. En esa época, la industria saladeril adquirió gran importancia en las costas del río Uruguay, empleado como vía para sacar la producción hacia Buenos Aires , Brasil , Cuba , España e Inglaterra .

En la planta se elaboraba tasajo, grasa, sebo, cueros, lanas, huesos, cenizas y como subproductos velas y jabones.

Hacia 1860 los saladeros comenzaron a decaer, ya que fueron incapaces de resolver el problema de conservación de la carne en un largo viaje oceánico. Sin éxito intentaron varios procedimientos, hasta que el barón Justus von Liebig, químico alemán considerado el padre de la química orgánica, inventó una técnica para obtener extracto de carne mediante ebullición al vacío, procedimiento que se adaptaba admirablemente al tipo de carnes de nuestro ganado.

Rápidamente se formó la sociedad anónima inglesa Liebig's Extract of Meat Co . con el fin de utilizar las patentes de Liebig. En 1864 se inició la fabricación de extracto de carne en gran escala, cerca de la localidad de Fray Bentos, en la República Oriental del Uruguay. En 1903, Liebig's adquirió el antiguo saladero O'Connor, transformándolo en frigorífico. Alrededor de la industria se comenzó a formar entonces el pueblo.

Al igual que sucedió con el desarrollo de otras industrias, en el caso de Liebig's los ingleses no sólo levantaron la fábrica, sino también el pueblo y sus servicios. Sobre la barranca del río Uruguay se construyeron altas chimeneas que señalan el sitio de los distintos galpones y naves industriales, con un excelente trabajo de mampostería de ladrillos, estructuras de hierro y cubiertas de chapas de cinc, en estilo funcionalista inglés. Desde estas instalaciones partía una larguísima manga de madera que atravesaba todo el núcleo urbano y que se usaba para que los animales pasaran desde los campos de la compañía hacia la fábrica. Esta manga formaba una barrera entre los barrios de los directivos y empleados jerárquicos, por un lado, y las áreas de operarios no calificados e instalaciones para la soltería.

En la población de los directivos se construyeron chalets en altura, con buena vista hacia el río, rodeados de amplios jardines y al costado de anchas calles arboladas. Un suntuoso edificio servía de alojamiento a los directores de la empresa y a los visitantes ilustres, entre los que se contó el Príncipe de Gales, heredero del trono de Inglaterra, que estuvo en la localidad en 1925.

Al otro lado de la manga estaban las viviendas para los obreros, verdaderos barracones dotados de servicios mínimos, que formaban larguísimos y monótonos frentes algunos de más de 200 metros con accesos comunes. Un gran edificio de planta cuadrada servía de proveeduría, estafeta y sitio de reunión, entre otras funciones. Más tarde se agregaron la escuela, la capilla y, recientemente, algunos centros deportivos.

El pueblo ha sufrido varias crisis económicas, ya que fue incapaz de desarrollar algún tipo de actividad productiva que reemplazara a la fábrica original, la cual prosigue con sus actividades en manos de otros propietarios, luego de ser transformada y modernizada.

En los alrededores de Pueblo Liebig hay dos caseríos formados por obreros golondrinas, es decir, trabajadores que se ocuparon en el frigorífico por un tiempo y decidieron quedarse. El Brillante, llamado así por el resplandor de las latas con que se construyeron las viviendas, tiene 2.500 habitantes, en tanto que El Colorado acoge a 1.200 personas que pintaron de rojo las latas con que forraron sus casas.

Terminada la visita al Pueblo Liebig, complete el circuito regresando por la RP 136 a Colón, distante 14 km .

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