En el Parque Nacional Iguazú los vientos procedentes del Atlántico provocan lluvias de alrededor de 2.000 milímetros anuales distribuidos uniformemente y la humedad ambiente reforzada por el fuerte rocío nocturno se mantiene alrededor del 75 a 90%. Estas condiciones de temperatura y humedad elevadas constantes conforman un verdadero invernadero, con las condiciones más favorables para la vida terrestre. La selva misionera abarca una extensión de 27.000 kilómetros cuadrados y constituye la extensión de la selva brasileña paraguaya en Argentina. Las lluvias abundantes y las elevadas temperaturas contribuyen a su desarrollo. Se caracteriza por ser una selva cerrada, compacta de follaje perenne, conformando verdaderas paredes vegetales que solo pueden ser atravesadas con el uso de hachas y machetes. La principal característica de una selva, es la multiplicidad de estratos de vegetación que ocupa prácticamente todo el espacio entre el suelo y la copa de los mayores árboles. La selva misionera está distribuida en varios estratos ocupados por árboles (estrato superior), arbustos (estrato medio) y hierbas (estrato inferior). Los árboles de más de 30 metros de altura, pertenecen a unas 90 especies distintas. Entre los árboles de menor porte, arbustos y subarbustos que crecen por debajo de los árboles no existe una especie dominante. El suelo en penumbra, está cubierto por una densa vegetación herbácea. La presencia de lianas, epífitas, palmeras, helechos arborescentes y bambúes dificulta aún más su acceso, haciendo que los distintos estratos se fundan entre sí. Si bien existen diferentes tonos de verde, por las especies vegetales, la selva carece de flores de colores vivos. No existen especies dominantes. La selva misionera es explotada por su riqueza maderera y por las vías de comunicación que facilitan el transporte de grandes cargamentos a través de los ríos. La flora misionera incluye especies arbóreas de gran altura, que se destacan por poseer troncos rectos de alrededor de un metro de diámetro, que se ramifican a gran altura, en su tercio superior, donde forman copas pequeñas. Son muy apreciados en la industria maderera por la calidad de la madera, entre las que se destacan las siguientes:
- GuatambúPuede superar los 30 metros. Su madera es dura, blanca y pesada.
- Laurel Negro: su madera desprende un olor muy fuerte, que limita su uso en mueblería.
- Peteribí: muy apreciado por su uso en mueblería fina, su madera es liviana, verde pardusca, ligeramente jaspeada.
- Cedro Misionero: de madera de alta calidad, casi ha desaparecido de la selva misionera. Su madera muy valiosa, su tronco alto, derecho y largo fuste le hizo objeto una explotación intensiva. Es de crecimiento rápido, su madera es rosada, fragante, veteada, fácil de trabajar y estacionar.
- Pino Paraná o Pino de Misiones: es un árbol alto, de hasta 50 metros de altura, con fuste maderable de 20 - 25 metros, de corteza pardo rosada, lisa y cuyo follaje solo se halla en el ápice del tronco, en forma de sombrilla abierta. Puede vivir varios siglos.
- Alecrín: sus hojas son perennes y se destaca por poseer una característica muy difundida en la selva amazónica, la de poseer raíces arbotantes, el tronco tiene en su base refuerzos o costillas que se articulan con sus raíces tabulares.
- Timbó o Pacará: también llamado oreja de negro por la forma de su fruto, tiene una altura de hasta 30 metros y su tronco puede alcanzar el grosor de 1,60 metros. Cuando crece en ambientes abiertos se ramifica a corta altura en gruesos brazos divergentes, mostrando una aspecto similar a una gigantesca acacia con forma de paraguas. Sus flores son blancas o rojas.
- Viraró: cuya madera es muy codiciada por la industria forestal.
- Lapacho Negro: por su diámetro u altura es uno de los gigantes de la selva. Su tronco puede medir 1,5 metros de diámetro y 30 metros de altura, a fines del invierno, antes de echar hojas, se cubre de flores quedando su copa convertida en un ramillete rosado que atrae a miles de picaflores.
- Pindó: es una palmera cuyo tronco esbelto y delgado puede tener hasta 20 metros de altura, está coronado por un plumero de hojas largas pinnadas.
Hay especies que tienen otro tipo de aplicaciones, entre las que se encuentran:
- Incienso: cuya corteza exuda una sustancia aromática similar a la mirra, que los jesuitas usaban en los templos en lugar del verdadero incienso. Es un árbol de grandes dimensiones, derecho, con largo fuste, su madera es dura, fragante, suavemente veteada, de gran duración y resistencia, utilizada en la elaboración de terciados.
- María Molle o carne de vaca: contiene resinas aromáticas.
- Espina de Corona: contiene en sus frutos una goma usada en cosmética, farmacia y golosinas.
- ío guapoy: también llamado higuera brava, higuera loca o agarrapalo, pues sus semillas germinan en las grietas de otros árboles desde donde lanza sus raíces al suelo y progresivamente estrangula y asfixia a su soporte, desarrollando su propia copa sobre el tronco anterior.
En el estrato intermedio, se destacan los helechos arborescentes, entre los que se destaca el chachí, que se desarrolla en el sotobosque al amparo de los rayos solares que, en exceso, le resultan perjudiciales. Alcanza una altura de 4 a 5 metros, con un único tronco no ramificado del que se desprende un penacho de grandes hojas de hasta 2 metros de largo, y constituye una reliquia vegetal, ya que recuerda a los grandes helechos extinguidos que constituyeron la vegetación arbórea dominante en el período carbonífero, hace unos 250 millones de años. Su utilización en decoración de interiores como soporte de orquídeas, ha puesto a la especie en serio riesgo. En este estrato se desarrolla la yerba mate , cuyas hojas secas y molidas son utilizadas para hacer una infusión muy popular en Sudamérica. Por debajo, en un ambiente de penumbra, una multitud de helechos y arbustos integran el estrato arbustivo. Entre ellos se destaca la Ortiga Brava , con hojas de gran tamaño y cuyo contacto es muy urticante. El sotobosque está dominado en partes por los bambúes, intricados cañaverales que forman cortinas impenetrables de 10 a 15 metros de altura. Se destacan el delgado Tacuarembó , caña maciza de has 1,5 centímetros de diámetro, el frágil tacuapí , la espinosa Yatevó , y el gigante de la familia, el Tacuaruzú , que crece como mata de gran densidad, con centenares de cañas erguidas y curvadas en los extremos que alcanzan una altura de 30 metros. El Tacuaruzú florece una sola vez en la vida, la floración se produce cada 25 a 30 años, haciéndolo todas las tacuaras simultáneamente, que luego mueren luego de la fructificación. Sus semillas germinan rápidamente repoblándose la selva en pocos meses con nuevos cañaverales. El estrato herbáceo, constituye el nivel inferior cubriendo el piso, abundando las gramíneas de hojas anchas , helechos y hierbas no leñosas entre las que se destacan las begonias , difundidas como plantas ornamentales de interior. Sobre el piso se acumula también abundante materia orgánica en descomposición dando lugar al desarrollo de hongos , musgos y líquenes . Con la luz y la lluvia monopolizadas por los estratos superiores, varias plantas recurren a variadas estrategias para alcanzarlas. Las trepadoras por excelencia son las lianas , que enredándose o enganchándose a los árboles mediante garfios, llegan hasta las ramas superiores, de las que cuelgan como cuerdas, formando una maraña vegetal. Dan hojas y flores a cualquier altura, de colores fuertes y hermosas, por lo que muchas especies han sido adoptadas por la horticultura con fines ornamentales. Una de las características más notorias de la selva es la proliferación de epífitas , plantas que han sacrificado todo contacto con el suelo y sus nutrientes en pro de un lugar al sol, en la copa de los árboles mayores. Usan a otras especies solo como apoyo, no son parásitas. Absorben la humedad del aire mediante de raíces aéreas. Entre las principales especies se encuentran las bromeliáceas, familia que incluye el ananá y muchas ornamentales, cuyas raíces sirven como agarre a troncos y ramas, con largas y angostas hojas, acanaladas para hacer correr el agua de lluvia hacia su centro, se desarrollan en roseta, con base envainada formando un receptáculo para contenerla. Estos estanques de altura tienen una fauna propia ya que son el hábitat exclusivo de algunos invertebrados, como mosquitos y hasta ranas cuyos renacuajos se desarrollan amparados de los predadores acuáticos. A esta familia pertenecen los Claveles de aire y los Caraguatás de flores amarillas, rosado y rojizas. Sus hojas son frecuentemente arrancadas por los monos Caí, que comen sus partes tiernas. De las numerosas especies de epífitas, se destacan especialmente las orquídeas . Las orquídeas capturan la humedad atmosférica con sus raíces aéreas, que están envueltas en un tejido esponjoso de células muertas que las protege de la desecación y es en extremo absorbente. La mayoría tiene además un engrosamiento en la base de las hojas para almacenar nutrientes y humedad. Todas las orquídeas, ya sean que posean flores grandes o pequeñas y en espesos ramilletes, todas tienen formas exóticas para garantizar la polinización. El pétalo inferior más desarrollado, sirve de plataforma de aterrizaje para los numerosos insectos que son atraídos por sus fuertes fragancias. Un único estambre que se alza sobre el labio descarga una compacta masa de polen sobre la cabeza y espalda del insecto que acude para libar el néctar y que posteriormente transportará el polen hacia otro ejemplar. Cada orquídea produce una infinidad de semillas muy pequeñas que son fácilmente diseminadas por la brisa. La nueva planta no solo depende de la germinación, sino que para desarrollarse debe asociarse a una especie de hongo específico para cada especie de orquídea con el que mantendrá una relación simbiótica por la cual el hongo disfrutará de parte del azúcar sintetizado por la orquídea y ésta utilizará proteínas producidas por él. La selva misionera es muy prolifera en orquídeas, Sophoronitis coccinea que da brillantes flores anaranjadas, la Miltonia flavescens produce cascadas de flores amarillas en primavera, la Campylocentrum, está desprovista de hojas, solo tiene raíces y flores, la Brassavola perrini presenta pares de grandes flores blancas, la Flor de Patito del género Oncidium da ramilletes amarillos manchados de marrón, y muchas otras que contribuyen al embellecimiento de los árboles que las hospedan.
Las orquídeas, de alto valor ornamental sufre las depredaciones de coleccionistas, a punto tal que varias han sido puestas en peligro de extinción, requiriendo medidas especiales de protección, como la creación de reservas naturales. Otra epífita destacable es el Guembé, arácea de grandes hojas coriáceas lobuladas, de unos 80 centímetros de largo, con largas raíces, algunas de las cuales son colgantes y tienen como objeto nutrir a la planta, mientras que otras se extienden por los troncos fijándose por medio de zarcillos. Cuando las raíces alcanzan el suelo, penetran en él para proveer de nutrientes a la planta, permitiéndole un mayor desarrollo, en este caso como enredadera. También crece en el suelo emitiendo un tronco grueso y corto. Cuando las semillas del guembé son depositadas a través de los excrementos de animales en cavidades o grietas de árboles, aprovechando la humedad y la materia orgánica se desarrolla convirtiéndose en una epífita de gran porte usando a su huésped como sostén. Capuera: donde el fuego o la mano del hombre han destruido la selva, se desarrolla rápidamente una vegetación de hierbas, arbustos y árboles formando una comunidad secundaria, a cuya sombra crecen las especies umbrófilas que en algún momento sofocarán a las especies mencionadas para recrear la selva. Las especies más importantes son el Fumo Bravo, árbol de muy rápido desarrollo, alcanza los 5 metros a los dos años. Sus bayas, así como las de otras especies como el Palo Pólvora, la Mandioca Brava, las Talas Trepadoras, la Casearia Sylvestris, atraen a estos lugares a cantidad de aves y mamíferos que se alimentan de dichos frutos. También es típico de la capuera el Sangre de Drago, cuyo látex es muy usado en medicina y cuyo follaje con hojas de colores verdegrisáceas, anaranjadas y rojizas que forman una copa redondeada lo han convertido en planta ornamental. El Ambay, morácea de tallo erecto que se ramifica a gran altura del suelo formando una copa aparasolada con grandes hojas verdes en su cara superior y blancas en el revés, posee un tronco hueco, dividido en cámaras por tabiques transversales habitado por hormigas del género Azteca, pequeñas y rojizas y muy agresivas.
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