| Cierta vez, el tenor italiano Enrico Caruso, admirado por Gardel, le dijo: "Usted tiene una lágrima en la garganta". Para la investigadora Nélida Rouchetto, Gardel "inventaba" los tangos.
Su prodigiosa voz se tornaba lírica y engolada cuando cantaba "El día que me quieras", muy distinta de la que se escuchaba en sus primeros discos, la que entonaba "Flor de fango" no era la de "Mi Buenos Aires querido", ni la de "Mi noche triste" era la de "Sus ojos se cerraron".
El escritor Julio Cortázar prefiere "Mano a mano" para sintetizar la impronta gardeliana. "Si sus canciones tocaron todos los registros de la sentimentalidad popular, desde el encono irremisible hasta la alegría del canto por el canto, desde la celebración de glorias turfísticas hasta la glosa del suceso policial, el justo medio en que se inscribe para siempre su arte es el de este tango casi contemplativo, de una serenidad que se diría hemos perdido sin rescate...En su voz de compadre porteño se refleja, espejo sonoro, una Argentina que ya no es fácil evocar. Más allá de las preferencias, para todos los estudiosos, Gardel es el tango mismo. Pero paradójicamente como dice el ensayista argentino Ricardo Ostuni, ni Gardel inició su carrera artística con el tango, ni el tango nació con Gardel. |